Antecedentes del Ferrocarril

Lunes, 15 Septiembre   

Los carros fueron excavando surcos paralelos en las calles de Ur. Los habitantes se dieron cuenta muy pronto de que estas rodadas, cuando eran profundas, mantenían a los vehículos sin salirse de una senda y no estropeaban, al circular, las casas junto a las que pasaban, en las estrechas calles de las ciudades que regaban el Tigris y el Éufrates. Más adelante se cubrieron las calles polvorientas o enfangadas con losas, dejando, deliberadamente, los surcos necesarios para que los carros siguieran un camino fijo. No hay que olvidar que la carreta de cuatro ruedas era entonces una invención reciente, y que su eje trasero no era orientable.

Podrá parecer que se está muy o en realidad así nació su idea. El profeta Isaías, hombre de penetrante espíritu, hablando de los asirios y sus carreteras, al volver a su patria en el siglo VIII aC., se refiere a los caminos sinuosos enderezados y a los desniveles aplanados que había visto allí.

Aquellos caminos empedrados no eran más que rutas de paso, pero prestaban inestimables servicios cuando se trataba de transportar pesados bloques de piedra desde las canteras a las ciudades o a los lugares de emplazamiento de ciertos monumentos funerarios. Fueron copiados por los griegos que llevaron la idea a Sicilia, e imitados luego por los romanos. Aún pueden verse los caminos de profundas rodadas en las canteras de Siracusa, de donde el tirano Dionisio extrajo materiales para sus obras y en las que trabajaron millares de prisioneros. También se descubrieron en las calles pavimentadas de Pompeya, cubiertas por la lava del Vesubio el año 79 de nuestra era.